Croniquillas y necrologios de la Guerra Civil (39)

centrode octubre 16, 2016 0
Croniquillas y necrologios de la Guerra Civil (39)

Las familias elegidas para el sacrificio.

La saca del 16 de octubre: fosa del Valle del Lagar. Necrologio de Gallegos de Argañán

Ángel Igesias Ovejero

 

Al cabo de una semana de la anterior saca carcelaria, los responsables y ejecutores efectuaron otra el 16 de octubre conforme al mismo guión. En consecuencia, no es de extrañar que también se repitan los efectos señalados en lo que atañe a las dificultades para la identificación total de las víctimas (croniquilla del pasado día 9). Pero, aparte de ser más numerosos los afectados, en esta otra saca se comprueba una característica represiva muy extendida, cual fue la aplicación de castigos terribles a determinadas “familias elegidas”, cuyos miembros con frecuencia fueron exterminados en parte (Iglesias, Represión franquista: 552). Fue el caso de “la señora Gaona y sus hijos”. Tampoco es novedosa la constatación de que un vecino de Gallegos de Argañán, que había sido herido por fuerzas rebeldes en su pueblo de origen y curado en el hospital, fue después sacado para su asesinato, acto de barbarie refinada denunciado como tal por un eclesiástico mirobrigense (C.2133/37). Forma parte del necrologio de dicha localidad, donde los encargados ponen obstáculos insalvables para la consulta del archivo municipal y, además o quizá por esto mismo, algunos presumen de no tener  víctimas mortales republicanas en su vecindario.

Los avatares carcelarios de algunos integrantes de la saca colectiva del 16 de octubre son análogos a los del día 9 anterior, con eventual doble paso por la prisión. La “Relación” de las salidas en tal fecha incluye los nombres de nueve excarcelados, ocho de los cuales, según la tradición mirobrigense, fueron asesinados y sus cadáveres enterrados en una finca del Valle del Lagar (infra).  Los cinco primeros habían sido detenidos entre el 26 y el 31 de julio, por lo que es de suponer que los represores los consideraban  “peligrosos” de antemano, aunque de algunos no se tiene indicio alguno sobre el presunto motivo.

Pablo Santos Sánchez, natural de Palma de Mallorca, socialista, concejal, sin constancia de edad, filiación, profesión y estado civil (ver croniquilla del 30 de agosto).

Ángel Sierro Mangas (primer apellido Sierra en la ASMJ), de 25 años, jornalero. Había estado detenido del 26 de julio al 23 de septiembre y fue reingresado el 26 del mismo mes (ARMR, Expediente de huérfanos).

Remigio Baz Martín, sin constancia de otros datos. Había estado detenido del 31 de julio al 23 de septiembre y reingresó el 26 del mismo mes. En el juzgado de instrucción del Regimiento de La Victoria le abrieron expediente en 1938, “por faltar a su incorporación” como recluta del reemplazo de 1928, 4º trimestre. Según el informe del juez instructor (01/02/39), teniente de Carabineros Pedro Martín, había sido declarado en rebeldía por orden del Secretariado de Guerra (14/08/1937) y en 1939 seguía “en ignorado paradero” (Exp. CR/38). Remigio fue uno de los emisarios de Ciudad Rodrigo encargados de transmitir las consignas de oposición al Alzamiento, en compañía de Manuel Mateo, que estuvo detenido tres veces en 1936 y fue procesado en 1939.

Balbino Escalera Iglesias,  nat. Villamiel (Cáceres), sin otros datos. Había ingresado en prisión el 28 de julio. Se ha especulado con que pueda ser uno de los “desconocidos” hallados muertos en Bocacara, donde los testimonios locales hablan de un desconocido de Acebo, cuyo cadáver fue recogido por su familia y en cuya vestimenta se halló dinero, gracias a la custodia de algún vecino del pueblo que, a pesar de su pobreza, no se empleó en el expolio del cadáver (B 2012).

Graciliano Hernández Tomás, detenido el 8 de agosto (ver infra, necrologio de Gallegos de Argañán).

Los otros excarcelados el día 16 de octubre habían ingresado pocos días antes.

Alfredo Miguel Plaza, de 50 años, comerciante, casado. Había sido detenido el 8 de octubre y volvió a ingresar, antes de ser eliminado en la última saca carcelaria comprobada, el 16 de diciembre (ver croniquilla).

Antonio Hernández Rastrero, de 37 años, hijo de Manuel y Narcisa, casado con Petra Bernal Martín con quien tenía cuatro hijas (croniquilla del pasado día 9). Se indica como motivo adicional que había tenido alguna agarrada con otro vecino, que “era de derechas y tenía mal careo” (CdF 2008).

Entre los sacados de la cárcel el día 16 figuran dos mujeres, ingresadas los días 13 y 14, ambas naturales de Ciudad Rodrigo, sobre las que se tienen escasos datos registrados (Iglesias 2014B):

Gertrudis Sánchez Montero (a) “Gaona”. Esta mujer es una de esas víctimas que ha dejado una estela de leyenda, por el exterminio que la represión sangrienta produjo en su familia, toda ella conocida por el apodo de “los Gaona”, de motivación taurina. En el mismo viaje de la “señora Gaona” (< Rodolfo Bernal Gaona, torero mejicano del s. XIX-XX, inventor del lance conocido como gaonera) y con el mismo destino habrían ido sus hijos Francisco y Esteban Vicente Sánchez. Del padre de éstos no se tienen noticias, pero otro miembro de la fratría, Juan Vicente Sánchez, había sido “sacado” con anterioridad de la cárcel del Partido (croniquilla del 19 de agosto).

Clara Machado Vieira. A juzgar por sus apellidos, quizá fuera de origen portugués, pero a ciencia cierta casi no se sabe nada de ella. Puede ser una de las personas asesinadas en la saca de la fecha indicada, como su compañera de prisión Gertrudis Sánchez, aunque a diferencia de ésta, no suele mencionarse en los relatos orales.

Francisco Vicente Sánchez (a) “Gaona”. Aunque con las precauciones que requieren estos casos, su identidad nominal y social puede corresponder a la víctima de este nombre y apellidos (pero sin el apodo)  en el listado de la ASMJ: ferroviario, casado con María Collado, “ejecutado por su significación marxista y actividades contrarias al Glorioso Alzamiento” (AMCR, Exped. Huérfanos, 10-3).

Esteban Vicente Sánchez(a) “Gaona”, hijo de Gertrudis Sánchez, hermano del anterior. Era de los izquierdistas denunciados por los derechistas mirobrigenses (CR 2009). Uno de éstos, Luis Cambronero, en 1938 reveló que, a primeros de septiembre de 1936 el jefe local de Falange había ofrecido dinero a otro falangista por matar a Esteban “Gaona”, sin que el solicitado ejecutor aceptara el trato criminal:

(…) que quiere hacer constar, para así reflejar mejor los malos sentimientos del Jefe de Falange Agustín Calzada, sobre los primeros días del mes de septiembre de 1936, aunque no lo puede asegurar con exactitud, llamó a Pedro Cabrera, falangista de Ciudad Rodrigo, ofreciéndole, si mataba a Esteban “Gaona”, cierta cantidad, el cual se negó a ello, diciéndoselo seguidamente al que declara (C.2133/37: f. 293).

 Algún victimario cumpliría el encargo, pues en 1937 otros derechistas, entre ellos  Carlos Domínguez y varios declarantes en la causa contra Justo Montero (C.1510/37), daban por desaparecido a Esteban.

La memoria colectiva mirobrigense señala que varias personas de esta familia y otras asesinadas fueron enterradas en una o dos fosas de una finca, hoy prado cercado, en el paraje del Valle del Lagar, término de Pedrotoro,  junto a un camino que sale a un kilómetro a la izquierda de la carretera que conduce a Tenebrón. Los afectados por las operaciones macabras serían las víctimas de esta saca y quizá las de alguna otra alguna, hasta una veintena en total, según testimonios (CR 2009, Iglesias, Represión franquista: 307). Pero, a falta de datos fehacientes sobre todas y cada una de las víctimas, nada se puede afirmar con certeza. En el verano de 2012 se hubieran podido despejar algunas dudas si los dueños de la finca se hubieran mostrado más cooperativos cuando, por iniciativa de la Asociación de Salamanca por la Memoria y la Justicia (ASMJ), se emprendieron los trabajos de excavación. Pero dichos dueños, al cabo de unos días de iniciados los trabajos, aprovecharon un día festivo para poner un candado a la entrada de la propiedad y ya no se pudieron reanudar. De modo que, después de lo que se ha visto en otros casos similares, hay motivos para dudar incluso de la permanencia in situ de los cadáveres o sus restos. El juzgado del partido judicial, por su parte, se inhibió cuando se le notificó el caso, que recogieron los medios de comunicación provinciales e incluso la prensa nacional (El País, 16/08/2012).

Entre los cadáveres abandonados en la citada finca de Pedrotoro se cita a un vecino de Gallegos de Argañán:

Graciliano Hernández Tomás, de 35 años, natural de Puebla de Azaba, hijo de Jesús y Luzdivina, jornalero, casado con Herminia Martín García, padre de dos hijos menores. Apareció cadáver en Pedrotoro el 16 de octubre de 1936, sin constancia del lugar de enterramiento (act. def. 4/10/1944, ASMJ). El 24 de julio de 1936 había recibido un tiro en el muslo izquierdo, efectuado por uno de los ocupantes de una camioneta que transitaba por el pueblo, llevando guardias civiles y soldados (Sum. 141/36). El mismo agredido explicó al juez de instrucción de Ciudad Rodrigo, Fausto Sánchez, cómo la agresión fue debida a un gesto de saludo ambiguo o mal interpretado, cuando se le invitaba a levantar los brazos:

(…) Que en la tarde de ayer [24/07/36] regresó al pueblo de Gallegos de Argañán desde la dehesa de Marialba donde había estado dedicado a las faenas de la recolección; que cuando estaba bajando un haz de hierba que llevaba en una caballería pasó un camión con guardias y soldados, dando gritos de “Viva España”. Que le mandaron que alzara los brazos, y sin duda por haber cerrado los puños sin darse cuenta le hicieron un disparo causándole la lesión que padece en la pierna (Sum.141/36: f. 3).

Fue conducido al Hospital de la Pasión, donde lo reconoció el médico forense, Marcelo Sánchez Manzano, de cuyo informe se deduce que le dispararon por detrás y el tiro le dejó una rozadura en las bolsas escrotales. Dado que la autoría del delito sólo podía atribuirse a un guardia civil o a un soldado, el juez de instrucción, siguiendo la normativa que emanaba del general Mola, dictó el auto de inhibición, considerando que competía a la jurisdicción militar interesarse por “los delitos cometidos en servicio de armas” (Sum.141/36: f. 5). De hecho, la justicia militar, aun reconociendo dicha competencia, no quiso saber nada de dicha autoría, pues el auditor de guerra, José Bermejo, después del informe del fiscal, Félix Ochoa, decidió suspender el procedimiento y el archivo definitivo de la causa en la Comandancia Militar de Salamanca (19/08/36). Después de ser curado ingresó en la prisión del partido judicial, donde se registra su entrada el 8 de agosto de 1936, como “detenido [militar]”, y la salida el 16 de octubre de 1936 (Desaparecidos 1936) en la saca indicada.

Por las razones arriba avanzadas, no se ha podido comprobar la existencia de otros afectados por esta forma de represión extrema, por lo que Graciliano sería el único vecino que con certeza puede figurar en el necrologio de Gallegos de Argañán. Pero descontado el forastero conocido por “el Pernales”, Benito González Gómez que apareció cadáver en el puente de la rivera de Azaba (croniquilla del pasado 6 de agosto), también existe la posibilidad de que fuera sacado otro vecino:

Isidoro Hernández Fonseca. Había ingresado en prisión el día 24 de julio de 1936 y fue, excarcelado el 23 de septiembre (croniquilla).

Mientras no se pueda efectuar una consulta del archivo municipal y recoger testimonios, hay razones para sospechar que pudo haber otras víctimas, pues Gallegos de Argañán era una localidad donde algunos líderes derechistas bien implantados se oponían a los planes reformistas republicanos. En la primavera de 1936 los sindicalistas y sus familias, apoyados por un numeroso vecindario, efectuaron repetidas ocupaciones de fincas expropiables. De ello es consecuencia probada la aplicación de otras formas de represión, que se refleja en el total provisional de afectados en este pueblo, una decena:

-          Víctimas mortales: 1 ó 2

-          Víctimas carcelarias: 4

-          Depurados un maestro (también preso)

-          Sancionados o embargados : 5 (uno de ellos también preso).

 

 

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